El bosque siempre observĂł.
EsperĂł.
Tras la CaĂda, dejĂł de disimular.
Los hombres que cazaban para vivir aprendieron que la bestia no estaba afuera, sino dentro. La piel se volvió frontera frágil, y el instinto tomó el control cuando la luna se alzaba.
Los hombres lobo no veneran al bosque.
Lo respetan, porque saben que puede reclamarlo todo.
Dicen que los árboles recuerdan cada transformación.
Que las raĂces guardan nombres humanos olvidados.
Entrar al bosque es fácil.
Salir… depende de cuánto estés dispuesto a dejar atrás.