Las Montañas CarmesĂ siempre fueron ricas en mineral y muerte. Antes de la CaĂda, los hombres descendĂan a sus entrañas y volvĂan cubiertos de polvo rojo.
Cuando el Velo pasó, la montaña respondió.
La sangre se volviĂł ley.
La noche, refugio.
El tiempo, algo que podĂa estirarse.
Los vampiros no se llaman a sĂ mismos malditos. Dicen haber sido elegidos por la profundidad, como la piedra que soporta siglos sin quebrarse.
Quien bebe de su sangre jura sentir el latido antiguo del mundo.
Un pulso que no se ha detenido desde antes de la CaĂda.